Sociedad

El pan nuestro de cada día: la defensa del arroz también es un asunto de fe

Arrozales verdes vistos desde el aire

«El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy» (Mateo 6:11, Reina-Valera 1960). En la República Dominicana, ese pan de cada día tiene nombre propio: arroz. Por eso, cuando el Gobierno declara que la defensa del grano nacional es «cuestión de seguridad nacional», la fe también tiene algo que decir.

El viceministro de Comercio Interno, Daniel Peña, afirmó este lunes desde París que el arroz «es un tema sensible que atañe directamente a la seguridad nacional y a la seguridad alimentaria» del país, en momentos en que el sector enfrenta la fase final de la desgravación arancelaria pactada en el DR-CAFTA con Estados Unidos.

Detrás de los tratados y los aranceles hay 30,000 productores y más de 300,000 empleos directos e indirectos: familias enteras que viven de la tierra y que llevan el sustento a sus mesas con el trabajo de sus manos. «Digno es el obrero de su salario» (1 Timoteo 5:18).

Campos de arroz en producción

La Escritura honra al que trabaja la tierra: «el que labra su tierra se saciará de pan» (Proverbios 12:11). Defender al productor nacional no es solo una decisión económica o comercial; es proteger la mesa del pueblo y la dignidad de quienes la llenan con su esfuerzo.

El Gobierno anunció medidas para blindar al sector —riego, drenaje y caminos rurales— y prometió gestionar el desmonte arancelario «de la mejor manera posible». Desde la fe, el llamado es a que esas promesas se traduzcan en hechos: que el arroz siga siendo dominicano, accesible y abundante en cada hogar.

Porque cuando un país defiende su pan, defiende también a su gente. Y eso, además de política, es justicia.

Con información de EFE.

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